miércoles, 11 de marzo de 2015

sexo

¿Qué pasa cuando un hombre y una mujer se encuentran? Bueno… cuando ese encuentro se da en el plano de lo sexual, ¿obvio?
Somos animales, instintivos y persuasivos y cuando hay piel… no hay mucho más que pensar.
¿Cuándo comienza el sexo? Quizá no sepa cuando es pero si sé que el inicio nada tiene que ver con la penetración, ni cuando invadiste con tus manos mi humedad más íntima, empieza antes… ¿Cuándo?
Un beso es demasiado inocente para culparlo de tanto, aunque jamás podrá liberarse del cargo de provocar la apertura a esa bendita divina dimensión a la cual me cuesta tanto acceder. Quizá el beso no sea más que un delicado traspaso a los límites del deseo, el beso extiende el horizonte a nuevas sensaciones que se viven en la oscuridad de los ojos cerrados. Dos amantes coinciden en un beso, el beso que sigo sin saber si es la apertura al sexo, no sé si pueda confirmarlo, pero siempre estaré segura de que besar es el más perfecto de los actos humanos, indicio de amantes que han coincidido en el evento más hermoso que un escritor pueda describir, así Cortázar en el séptimo capítulo de Rayuela… “…respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”
¿Qué es el sexo? –Pregunta que no supe contestar, aquella vez… y fue punto de inflexión-
¿Cuál? ¿El sexo humano? ¿Ese que practicamos sin estar presentes en nuestros propios cuerpos, en la inercia de la costumbre, en la contradictoria naturalización de vivir sin cuestionarnos, sin asombrarnos, sin sentir? ¿El sexo del ABC de la revista femenina?  ¿El sexo banalizado, objeto, fundamento de venta del último Best Seller? ¿El sexo que encuentra placer en corromper reglas que jamás debieron existir? ¿El sexo con dominio, el sexo con metas? ¿El sexo al que temo?
Para mí el sexo es el sexo divino, en el que estamos presentes en cada centímetro cuadrado de nuestra piel, nuestra piel que se extiende muchísimo más allá del pene y la vagina. El sexo divino definitivamente empieza en la liberación de ese absurdo pensamiento ético social que nos cohíbe y amenaza con no dejarnos ser.
….cuando dos personas se encuentran, cuando sé quién es él, o cuando creo saberlo, pudiendo estar equivocada. El otro ha despertado en mí el profundo interés de tenerlo en mí, de hacerlo mío y hacerme suya, me transmitió seguridad, hice míos sus detalles, amé sus expresiones y palabras, adoré que este chico se asemeje a eso que espero de un hombre… al menos hasta este instante en el que el sexo comienza. 

Instante en el que abres la puerta, pides observar el dibujo de la piel de mi espalda y esa sensación tuya de sentirte intimidado termina siendo la excusa para terminar con tu boca en mi boca, y tus manos en mi piernas mientras yo no puedo dejar de sostener tu rostro. Perdí noción del espacio, ¿controlar las distancias? ¿cómo? Olvidé cuán ancho es un pasillo, siquiera puedo registrar si hay vacío sobre nosotros o cielo, o cemento, madera, ¿flotamos?, me guías… sabes a donde quiero llegar y es exactamente al mismo lugar en el que estás pensando desde que… ¿cuánto tiempo hace que quieres tenerme en tu cama?

Tarde un poco en liberarme, debería contarte lo difícil que es para mí llegar a ese sitio al que vos me llevaste, con vos, en tu respiración densa y perdida, en el latir de tu corazón salvaje, en tu cuerpo que me atrapaba cada vez más en cada uno de sus movimientos… y yo, en el intento de quedarme con el perfume de tu nuca respiré cada vez más hondo, más profundo hasta encontrarme en el sitio al que quería llegar, a esa bendita divina dimensión en la que, paradójicamente, pierdo la conciencia para percibirme absolutamente completa en cada uno de mis sentidos. Sentirnos, aún prisioneros de nuestras prendas íntimas, nuestros pechos desnudos, y yo sedienta de vos con tan sólo observarte, la perfecta dimensión de tus músculos que te hacen humano y gigante, los dos haz de luz que se filtran por la ventana e iluminan tu rostro mientras tú y tu boca se encuentran concentrados en mis pezones, nos observo desde arriba… la pequeña dimensión de mis pechos, mi piel, vos, tu rostro, y tu boca, todos, nosotros, atravesados por la luz…  esa imagen, cual foto instantánea que se graba en mi retina, amarla es poco. 

Insisto en asegurar que sabias perfectamente lo que estabas haciendo, ¿Qué pasa cuando un hombre y una mujer se encuentran? El otro permite sentirnos, y evocar el goce en su más extrema expresión, este acto instintivo animal que encuentra placer en el placer ajeno.


Dejaste parte de vos en mi piel y te obligué a que también sientas lo que se siente, nuestros vientres resbalando en vos y vos y tu pensamiento completamente embelesado con tantas actitudes que siempre esperaste ver juntas y jamás creíste encontrar en aquella primera noche. 

Soy terrible, sí, pero lo aclaré al inicio del primer tiempo: me gusta el sexo, me encanta, y lo disfruto cuando es así en aquella bendita divina dimensión en la que deseo, profundamente, volver a encontrarnos, tu y yo, protagonistas. 

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